Víctor Alejandro Espinoza
Hay al menos tres posiciones respecto a la anunciada reforma electoral. Por un lado, quienes se oponen bajo el argumento de que si las elecciones han sido bien organizadas por el órgano electoral, no tiene sentido un cambio en las reglas. Hay una segunda posición que plantea que sí debe haber cambios, pero no radicales, de alguna manera solo de apariencia. Y una tercera posición establece que debe ser una reforma radical que termine con los gastos excesivos en la organización de las elecciones, en el derroche de los institutos (nacional y estatales), en el dinero que se les otorga en prerrogativas a los partidos políticos y en la existencia de las posiciones plurinominales.





